Living the Life: Bronson Fest 2016

“Empezamos porque toda la música, pensábamos que, no habían bandas buenas, que nosotros quisiéramos escuchar, y hicimos una banda tratando de hacer lo que queríamos escuchar” (Los Vigilantes, 0:57-1:10)

Encontrar mi camino hacia el Bronson Fest fue un reto; vengo del oeste y las direcciones nunca fueron muy claras. Cuando llegué a la Hacienda Morales -anda pal carajo- no supe que pensar.

Nuestro espacio era enorme. Movernos de la entrada a las tarimas duró una pequeña eternidad. Llegamos allí a escuchar la música, pero más allá de eso, creo que fue por un anhelo de libertad.

El sol me cegó. Era mi primer Bronson Fest. Sin embargo, sabía que estaría “cabronsón.” Flotaba en una nube. Me encontraba en un edén; un claro extenso entremedio del bosque, fuera del alcance de las garras de nuestra civilización. Pensé en Samsara, en cómo nuestras existencias urbanas reflejan la vida de ganados criados en jaulas. Me sentí como un gallo que compró una taquilla para salir de su jaula a la naturaleza.

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Fotografías del Bronson Fest

El Bronson Fest es un festival porque veinte (20) bandas tocan una después de la otra, día tras noche. Se dividen $25  entre cada integrante de cada banda y la renta de tarimas y la hacienda. El festival empezó a las doce (12) del medio día y termino veinticuatro (24) horas después. Vine con la intención de joder. Salí con las ganas de conocer.

Entramos y buscamos a nuestros panas, quienes estaban setiando las cámaras para grabar a Los 10guillos. Llegamos al tablado, una tarima montada por los mismos músicos. Setié mi silla y no pude evitar sentirme como una bestia. ¿Quién carajos se sienta en vez de bailar? No había consumido ni una cerveza y las vibras se sentían tranquilas. Eran las tres de la tarde. Mire hacia atrás y me encontré con una audiencia extensa que crecía con cada llegada. Prendí mi moto y fluimos. Escuchamos Los 10guillos, con sus vibras místicas, folclóricas y funkadélicas.

Consecuentemente, comenzó mi conversación interna: “debo bailar o no?“; la respuesta siempre es “sí, para eso estamos aquí.” Me hace recordar una escena en Blowup, donde las personas se quedan como zombies escuchando a los Yardbirds tocando. Así somos nosotros. Nos enfocamos en grabar, escribir y sacar fotografías, pero no en vivirnos la música en si.

Fui pensando sobre la música independiente y sus procesos de organización masiva. ¿Cómo carajos uno organiza un festival tan grande de la nada? Pensé sobre el talento musical de nuestros artistas. Con cada buche de cerveza y halada de garett fui matando esa voz crítica de hijo’e puta, que ocupa mi cabeza. “Cállate y vivetelá cabrón” pensé, y así fue.

Los próximos para mi fueron La Caída de Berunda. Son dos bajistas: uno ocupando frecuencias altas y el otro las bajas. También los acompaña un baterista -que es una bestia técnica-. La voz es melancólica y sus líricas provocan la reflexión. En ese punto del día eran exactamente lo que necesitaba.

Era sublime, jodieron con mi psiquis. Me hundí en mis pensamientos más ocultos. Fue algo sagrado. “El rapto de Proserpina” me provoco a reflexionar sobre mis amores perdidos, sobre mi mejor amiga, -que perdí por mi propia ignorancia-.

Después de La Caída, fui a coger más cervezas en el camping y volví para escuchar Blacks en Tela. La música de Blacks siempre se queda grabada en mi cabeza. Blacks son una brigada de psicodélicos expresándose por medio de la música. Verdaderamente son unos gigantes en la escena local, y me encantaría escuchar su primer disco para ponerme a escribir sobre sus canciones.

Fotografía de Worldjunkies

Mientras el sol caía y la luna subía, la noche progresivamente se fue volviendo más mística y cautivadora. La energía nos sucumbió y comenzamos a liberarnos en el baile. Decidí tomar un break después de esto y volver al camping. Seguí tumbándome cervezas de nuestra nevera y fumándome pal de garetts, recuperando la energía para volver a la tarima principal, a ver Rebecca Kill y Los Vigilantes. Thought Experiments nos dejaron pegado en un trance etéreo.

Sexo carajo, puro sexo. Nada describiría de mejor manera la energía de los siguientes artistas. Rebecca poseé un alto grado de magnetismo animal. No sé si ella verdaderamente ve “muertos” como canta en su canción, pero no lo dudaría por su carisma sobrenatural. Su banda es sólida -en especial el bajista, quien tiene una actitud demasiada cabrona para creerla-. ¡Esa etiqueta de “Youth” en su bajo espero que se refiera a Sonic Youth!

La gente empezó a bailar. En este punto de la noche, un fulano ya se había partido el tobillo. Su sacrificio no fue en vano. Llegaron Los Vigilantes a tocar en calzoncillos y batas. Todo el mundo se empezó a soltar. Mosheamos y bailamos. Se liberaron las tetas. Fulana se viró y le saco el corazón a todos los cabrones que estaban allí. Alabada sea.

Francamente, después de todo lo ocurrido estaba super-explotado. Cogí un break final con nuestra nevera y nos fuimos a ver Sr. Langosta. Mis amistades los habían escuchado antes y le encantaba la música. Esta fue mi primera vez escuchándolos. La langosta voló mi mente en pedazos.

Fotografía de Eric Daboya

Música con melodías escalofriantes y atemporales, sinfonías celestiales. Un romance oscuro, torturado, tropical, libre como el jazz, con una sinfonía detrás. Tenían tantos instrumentos que no podía identificarlos todos. Era uno de los actos más bellos que he presenciado en mi vida. Bailaba su música al son de la salsa. Mahavishnu murió y reencarnó en la tierra de Borikén.

Fue una noche pal de cabrona, y hubiese seguido siendo pal de cabrona, pero estoy viejo. Estaba bebiendo y fumando por doce horas, y no quería llegar borracho a mi casa a chocar otro árbol. Me perdí el ritual lunático, lo cual probablemente fue la mejor parte de la noche. Hicieron muchas cosas bien. Hubo un buen ambiente, buenas vibras, seguridad, ayuda medica, reciclaje y mucha gente bella. Lo único que faltaba era un piso más plano, para que fulano bailara sin romperse el tobillo. Bravo Bronsons, bravo.

¿Habrá una mejor manera de “morir”?

Escrito por: Alan Valle

Editado por: Angelique Rodriguez