Llegaste

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Llegaste a mi, de nuevo,
Y no supe que decir
Mis palabras se perdieron
Mis lagrimas volvieron a surgir.
Esta felicidad que me brindas de momento
Dios, que es una angustia de esperanza
Una posesión histérica de tu amor
De tu conciencia,
Por todo lo que luchamos y sabiendo que ella existe también.
No estoy solo. Detrás de esta puerta.

Leon Rivera

Ángeles

Apareció como un Ángel ella,
Disfrazada de muerta,
Con su pelo castaño, con esas curvas,
Con su figura reloj de Arena –
La Diosa del Tiempo,
Arena más sólida que’l hierro
Aquí en la mañana, se desbordaban
Mis ganas de haberme levantado en ella.

Comerle esos bembes,
Devorármelos completos
En una eternidad.
Hasta llegar al último momento,
De encarnar la catarsis-
Energética del Big Bang
La fuerza creadora

Jugando entre bocas,
Vas tú, luego yo, se repitió,
Y así sucesivo
Tú me tiras y yo recibo,
Yo te levanto y tú me recibes,
Sucesivamente el orden,
Muere y nace el Universo.

Esta Negra viene de Bayamón,
O de algún lugar por allá,
Donde la isla se consume por el concreto
Aún se preserva la conciencia en el centro
Al ver este clon, lo primero que dijo;
Fue: “Cásate conmigo”

Las manos se mueven solas,
Se trepan por las crestas de su espalda,
Caminan, hasta llegar a los bordes de su quijada,
Acariciándola, grita
“Agarra mi garganta!”
Respondo: “¡Mátame condenada!
Entierra tus dígitos, en mi pescuezo”
Esta negra, este negro,
Los animales insaciables del callejón.
“La pasión es la llave del potencial humano”
Sin embargo, el origen de la existencia
Es una única Ilusión constante, así que
Dejemos de hablar de pendejadas que no sabemos.
Silencio, solo le debemos a Dios una cosa,
Vivir nuestras vidas con sabiduría, sin lamentos.

Mi gran lamento fue; no haberte cogido,
Levantarte de esa trampa, treparte a mi espalda,
No haberte raptado y llevarte para mi casa,
Mi cueva, como si fuéramos una especie de simios.
Ahora quedas por allá, lejos, al otro lado de la isla,
Y yo aquí en este Edén perpetuo, con mis pies en el piso,
¡Que fría la grama!
Y ahora quedas por allí lejos, al otro lado de la isla,
Y yo aquí en este Edén perpetuo, con mis pies en el piso, ¡que fría la grama!

Mauricio Monagas